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Redacción / esteesMichoacan.com | Morelia, Michoacán:
La década arrancó con el foco en el mundo árabe.
A finales de 2010, un vendedor ambulante se inmoló en la ciudad de Sidi Bouzid, en Túnez, y miles de tunecinos salieron a las calles para protestar por las malas condiciones de vida en el país.
Tras la muerte del vendedor, las protestas se agudizaron y forzaron la renuncia del presidente Zine El Abidine Ben Ali, después de más de 20 años de gobierno autoritario.
En conjunto, esta oleada de manifestaciones -especialmente intensas entre 2010-2013- se conoció como Primavera Árabe y se interpretó como un clamor de los ciudadanos por mayores garantías democráticas y derechos sociales.
Sin embargo, casi 10 años después de su inicio, no hay muestras palpables de mejoras políticas y sociales en los países protagonistas y hay quien dice que estamos a las puertas de una nueva Primavera Árabe.
Aunque se originaron en el marco de la Primavera Árabe, las movilizaciones contra el presidente de Siria, Bashar al Asad, pronto cobraron otro cariz y se convirtieron en una guerra civil que todavía golpea al país.
La guerra comenzó oficialmente el 15 de marzo de 2011 tras la violenta represión policial de las grandes protestas que pedían la renuncia de Al Asad en las principales ciudades del país: Damasco y Alepo.
El conflicto sirio es difícil de abarcar por la variedad de facciones que combaten entre sí, a lo que se añade la participación directa o indirecta de países externos que tienen distintos intereses, como Irán, Rusia, Turquía y Estados Unidos, entre otros.
El presidente Al Asad se mantiene fuerte en el cargo y es difícil anticipar cuándo o cómo llegará la paz a un país que ha visto la salida de millones de desplazados en estos casi 9 años de guerra sangrienta.
Desde 2014, Ucrania y separatistas prorrusos se enfrentan en la llamada guerra en el Donbás, conocida también como guerra en el este (de Ucrania).
El conflicto comenzó con una serie de enfrentamientos en las regiones del este ucraniano tras las protestas prorrusas en esa zona del país y la declaración de independencia de Donetsk y Lugansk, territorios llamados en su conjunto Donbás.
La escalada de la tensión desembocó en un enfrentamiento armado entre las fuerzas independentistas de las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk y el gobierno de Ucrania.
Entre el 22 y el 25 de agosto de ese año, Rusia envió un convoy humanitario a la zona y cruzó la frontera hacia territorio ucraniano sin permiso del gobierno del país, lo que recrudeció todavía más el conflicto.
El 14 de febrero de 2015 se acordó una frágil tregua en negociaciones en la ciudad bielorrusa de Minsk.
El incidente nuclear más grave de la década ocurrió en Fukushima, Japón, el 11 de marzo de 2011.
El accidente se produjo después de un terremoto de magnitud 9 que causó un tsunami en la costa noroeste del país asiático.
La planta nuclear de Fukushima, operada por la Tokyo Electric Power Company (Tepco), contenía seis reactores de agua en ebullición construidos entre 1971 y 1979.
No fue una década fácil para la Unión Europea.
El bloque inició los 2010 todavía bajo los efectos de la grave crisis financiera que estalló en Estados Unidos en 2008 y que terminó por convertirse en una depresión económica global.
Los países europeos más azotados fueron los del sur, que en mayor o menor medida necesitaron ser rescatados por las instituciones financieras para no colapsar y que, a cambio, tuvieron que someterse a estrictos paquetes de austeridad.
Fue el caso de Portugal, Irlanda, Chipre, España (pese a que su gobierno no reconoció la palabra rescate) y Grecia, que fue el más sonado.
Las condiciones impuestas por Bruselas, Berlín y el Fondo Monetario Internacional llevaron a protestas generalizadas en estos países, incluido España, que en mayo de 2011 vio nacer el movimiento de los indignados o 15-M.
En 2015, la falta de acuerdo entre Grecia y sus acreedores para prolongar el rescate financiero estuvo cerca de desencadenar la salida de los griegos de la moneda común, el euro.
En este contexto, en algunos países fue creciendo el sentimiento antieuropeo o euroescéptico, que tuvo su máxima expresión en lo que sucedió en Reino Unido.