Jessica quería una relación formal, la respuesta...
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Redacción / esteesMichoacan.com | Morelia, Michoacán:
Cuando Javier – nombre ficticio – salió de la cárcel, a su madre le quedaban 30 años de condena. Tenía 6 años y al ir a la escuela por primera vez aseguró ser "el proxeneta que prostituiría a todas sus compañeras de clase".
Nació en prisión y esta es una de las cosas que aprendió allí. Él ya está fuera, pero aún hay otros 618 niños que viven con sus madres en los centros penitenciarios de México, de acuerdo con el Informe Especial de la Comisión de Derechos Humanos (CNDH) de 2016.
Se les conoce como los "niños invisibles" porque hasta hace muy poco era como si no existieran ante la administración. Para acercarnos a su realidad hemos hablado vía telefónica con Saskia Niño de Rivera, presidenta de Reinserta, una organización que trabaja para combatir las problemáticas de los penales de México. Ha sido ella quien nos ha hablado del caso de Javier y de otros que también presentaremos con nombres ficticios
La mayoría de prisiones del país no cuentan con el presupuesto mínimo para ofrecerles la misma calidad de vida que tienen los niños que crecen fuera. Su rutina es vivir rodeados de carencias hasta cumplir los 6 años. Aunque en según en que estados pueden, incluso, permanecer hasta los 9 o los 14.
Actualmente, hay 618 niños que viven con sus madres en los centros penitenciarios de México desde que nacieron
No tienen acceso a una educación básica, ni a la alimentación adecuada para su edad de crecimiento. Esto último podría "comprometer su vida o provocar daños irreversibles en su salud y en su condición física y mental", según el mismo informe de CNDH. Solo cuentan con atención médica general y la variedad de medicamentos a los que tienen acceso es muy limitada.
La mayor parte de centros son mixtos, por lo que, prácticamente, no hay espacios destinados exclusivamente a madres e hijos. Tampoco cuentan con celdas especiales en las que no impere el hacinamiento propio de los penales del país y casi ninguno de ellos tiene cama propia.
"Si en una celda hay 5 internas con 5 hijos, lo habitual es que haya 5 camas. Es como si la madre y el niño fueran la misma persona", dijo Niño de Rivera.
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